Tolerancia en la entrevista psicológica

Al vivir en sociedad, habrán ciertas posturas, principios y creencias que, probablemente, no apoyamos o no concuerdan con la percepción de vida que hemos construido en base a las diferentes normas sociales, familiares y culturales que se han establecido a lo largo del tiempo. Sin embargo, es oportuno el reconocer y acoger tales diferencias, en especial cuando se trata del ámbito profesional.

Para llevar a cabo una buena entrevista, el psicólogo debe cumplir con una ética y moral para brindar una atención de calidad, así como trabajar en múltiples aptitudes comunicativas y de escucha, sea la empatía, la escucha activa, el lenguaje, los modales, y sobre todo, el autocontrol. La tolerancia como valor moral no es concepto de ‘‘aguantar’’ o ‘‘soportar’’ una acción o idea como tal, es el respetar las creencias, gustos y costumbres de los demás. Es la aceptación de que somos seres individuales con ideales y hábitos diferentes. 

En una entrevista psicológica, no hay espacio para juicios ni discriminación alguna. Es común escuchar que el psicólogo al entrar a la clínica debe dejar atrás su vida personal y hacerse cargo de su identidad profesional, lo cual es completamente correcto. Como seres sociales, los terapeutas también tienen sus creencias religiosas, sus posturas políticas, experiencias de vida, núcleos familiares, entre otras ideologías.


No significa renunciar u obviar las convicciones personales, sino reconocer y aceptar la existencia de diversidad moral en una sociedad (sin extremismo), y a su vez, otorgar el respeto, libre albedrío y validación que todo individuo merece. 


Para ser objetivos y coherentes durante las entrevistas y evaluaciones, se debe tener una postura neutral y receptiva ante lo que el paciente expresa, sin dejar lugar alguno a prejuicios y choques ideológicos o morales.